
Los cuestionarios respondidos por estudiantes y directivos permiten leer los resultados de la Argentina junto con las condiciones concretas en las que se enseña y se aprende.
Por Mg. Roxana Celeste Dib
Durante estos días se habló mucho de la ubicación de la Argentina en PISA. Los puntajes circularon rápido y volvieron a instalar una preocupación conocida. Cuando la discusión queda reducida a esa comparación, sabemos que los resultados son bajos, pero seguimos sin saber qué está ocurriendo en las escuelas.
PISA evalúa en qué medida los jóvenes de 15 años pueden utilizar lo aprendido para comprender situaciones, razonar y resolver problemas. En 2025 participaron 11.093 estudiantes de 412 escuelas argentinas, una muestra que representó aproximadamente a 609.100 jóvenes escolarizados de esa edad.
La Argentina obtuvo 393 puntos en Ciencias, 389 en Lectura, 367 en Matemática y 403 en Resolución de Problemas Computacionales. En la OCDE los promedios fueron 482, 461, 463 y 500 puntos. La proporción de estudiantes que alcanzó al menos el nivel 2 también fue baja, 41 por ciento en Ciencias, 40 por ciento en Lectura y 24 por ciento en Matemática. Este último dato significa que alrededor de tres de cada cuatro estudiantes quedaron por debajo del nivel básico en esa área.
Además de resolver las pruebas, los estudiantes respondieron preguntas sobre su experiencia escolar. Los directivos informaron sobre los recursos, el personal y las condiciones de sus instituciones. Esa información permite acercarse a lo que sucede detrás del puntaje y, sobre todo, reconocer cuestiones sobre las que las políticas educativas sí pueden actuar.
Me detuve primero en lo que los estudiantes dicen de sus docentes. El 78 por ciento afirmó que su profesor de Ciencias muestra interés por el aprendizaje de cada alumno. En el promedio de la OCDE lo señaló el 69 por ciento, el 73 por ciento de los estudiantes argentinos dijo que el docente continúa enseñando hasta que comprenden y el 79 por ciento reconoció que recibe ayuda adicional cuando la necesita.
Los chicos describen docentes presentes y dispuestos a acompañarlos, sin embargo, ese trabajo se desarrolla en aulas donde sostener la enseñanza resulta difícil. El 58 por ciento señaló que el ruido y el desorden afectan el aprendizaje en la mayoría o en todas las clases de Ciencias, en la OCDE respondió lo mismo el 31 por ciento. Casi la mitad dijo que sus compañeros no escuchan al docente y el 29 por ciento afirmó que no puede trabajar bien.
La convivencia áulica forma parte del problema educativo. Enseñar requiere acuerdos que puedan sostenerse, límites comprensibles y respaldo institucional. También requiere tiempo, el 66 por ciento de los estudiantes llegó tarde al menos una vez durante las dos semanas anteriores a la prueba, uno de cada cinco faltó un día completo y una proporción similar se salteó alguna clase.
Los dispositivos ocupan un lugar central en esta escena, el 55 por ciento dijo que sus compañeros se distraen con ellos durante las clases de Ciencias, casi el doble del promedio de la OCDE. La tecnología ya está dentro de la escuela y los estudiantes también utilizan inteligencia artificial. Necesitamos criterios pedagógicos para trabajar con estas herramientas, definir momentos y propósitos, y enseñar a utilizarlas para aprender.
Las respuestas de los directivos agregan condiciones que el ranking no registra. El 44 por ciento de los estudiantes asistía a escuelas donde la falta de docentes obstaculizaba la enseñanza, para el 42 por ciento, la institución también estaba afectada por la falta de personal de apoyo. La situación de los recursos se había deteriorado desde 2022, en PISA 2025, el 54 por ciento de los estudiantes estaba en escuelas donde la carencia o la inadecuación de materiales educativos afectaba la tarea; tres años antes era el 46 por ciento; y la infraestructura representaba un obstáculo para el 50 por ciento, frente al 45 por ciento registrado en 2022.
Acá aparecen los cargos que no se cubren, los equipos de apoyo que faltan, los materiales que no llegan y los edificios que necesitan respuestas, son problemas concretos. También son parte de las condiciones en las que se producen los aprendizajes que después medimos.
El 14 por ciento de los estudiantes socioeconómicamente desfavorecidos logró ubicarse entre quienes obtuvieron mejores resultados dentro del país., la OCDE los denomina estudiantes resilientes. Este porcentaje fue algo superior al promedio de la organización, que alcanzó el 12 por ciento. La desigualdad pesa, aunque no define de antemano cada trayectoria, ahí también hay experiencias escolares que conviene conocer mejor.
El caso de El Salvador ofrece otro elemento para pensar, el programa de modernización educativa, cuya expansión cuenta con asistencia técnica y financiamiento del Banco Mundial, articula currículo, materiales, tecnología, acompañamiento docente, liderazgo directivo y evaluación. En julio de 2026, 1.198 estudiantes voluntarios de 171 escuelas vinculadas con el programa participaron en PISA for Schools y obtuvieron resultados superiores a los promedios nacionales salvadoreños.
La experiencia tiene límites claros, los participantes eran voluntarios, probablemente se encontraban entre quienes tenían mejor desempeño en sus escuelas y no representaban al programa completo ni al país. Por esa razón, los resultados no pueden atribuirse a una medida particular. Me interesa el esfuerzo por articular componentes que con frecuencia funcionan separados. El acompañamiento docente pierde fuerza cuando no tiene materiales, tiempo institucional o una conducción pedagógica que lo sostenga.
Las respuestas de estudiantes y directivos no entregan una receta, pero ayudan a definir prioridades. La convivencia escolar es una de ellas, hace falta recuperar condiciones para que el docente pueda enseñar y los estudiantes puedan trabajar, con acuerdos sostenidos por la escuela y las familias.
Otra prioridad está en el acompañamiento profesional, la formación docente cobra sentido cuando parte de problemas reales, se vincula con la práctica y permite planificar con otros. Los directivos necesitan tiempo para observar, acompañar y organizar ese trabajo; lo cierto es que hoy buena parte de ese tiempo queda absorbida por tareas administrativas y requerimientos que se superponen.
Los cargos, los equipos de apoyo, los materiales y la infraestructura requieren decisiones presupuestarias y de gestión. Una propuesta pedagógica puede estar muy bien diseñada y encontrar, al llegar a la escuela, que falta el profesor, que el equipo está incompleto o que no existen los recursos para sostenerla. Esa distancia entre la política anunciada y la política que efectivamente llega al aula también debe evaluarse.
La asistencia merece un seguimiento temprano, las llegadas tarde, las ausencias y las clases salteadas reducen el tiempo disponible para aprender y suelen anticipar trayectorias que después resultan difíciles de recomponer. Conocer a tiempo lo que ocurre permite trabajar con las familias y organizar apoyos antes de que el problema crezca.
Los datos tienen que volver a las escuelas en un lenguaje que pueda ser utilizado, como podemos observar PISA produce mucha más información que un puntaje. Si esa información queda encerrada en informes técnicos o convertida únicamente en una tabla de posiciones, pierde buena parte de su valor para la enseñanza.
Los resultados argentinos exigen atención y continuidad, los cuestionarios ya señalan algunos asuntos sobre los que se puede trabajar, como la cobertura de cargos, equipos de apoyo, materiales, infraestructura, convivencia, asistencia y uso pedagógico de los dispositivos. También registran que muchos estudiantes valoran el interés y la ayuda de sus docentes.
Escuchar esas voces permite comprender mejor los resultados y discutir políticas educativas vinculadas con la experiencia real de las escuelas. Ese trabajo necesita sostenerse en el tiempo, revisar lo que no funciona y reconocer el conocimiento de quienes enseñan, aprenden y conducen las instituciones todos los días.
Fuentes
PISA 2025 Results (Volume I): Argentina https://www.oecd.org/en/publications/pisa-2025-results-volume-i-country-notes_2d4ff9ea-en/argentina_e2019444-en.html
PISA 2025 Results (Volume I) https://www.oecd.org/en/publications/pisa-2025-results-volume-i_73451bc5-en.html
Una señal alentadora desde El Salvador: un sistema y una tecnología alineados al servicio del aprendizaje pueden acelerar los resultados. https://blogs.worldbank.org/en/latinamerica/el-salvador-sistema-alineado-educacion-tecnologia-servicio-aprendizajes-pueden-acelerar-cambios
